Peñíscola, un rincón con encanto en el Mediterráneo

Peñíscola, un rincón con encanto en el Mediterráneo

Nuestro país está cargado de lugares fantásticos, pueblos que destacan por sus monumentos, aldeas que conquistan nuestros estómagos por su variada y típica gastronomía, poblados que tienen rincones que enamoran… Como decía aquel famoso eslogan creado por Fraga cuando era ministro, España es diferente en muchos sentidos, pero en el turístico destaca por tener una belleza que otros lugares quisieran. Por ello hoy os vamos a hablar de una zona de playa, de una zona de gastronomía en la que destacan los helados (incluso los riquísimos hechos con yogur, como los de Smöoy) y la paella. Una zona costera cargada de historia en sus monumentos. En concreto os hablo de Peñíscola, una pequeña localidad del norte de Castellón en la que historia, gastronomía y playa se unen para formar una población digna de película, y es que en esta villa se han grabado series como la española ‘El chinguito de Pepe’ o ‘Juego de Tronos’ o películas como ‘El Cid’.

En Peñíscola, las miradas se centran en su castillo, el del Papa Luna. Este está situado en la zona más elevada del peñón que forma la ciudad vieja y que domina el horizonte con una elevación sobre el nivel del mar de 64 metros. Además, esta obra que construyeron los templarios entre 1294 y 1307 se asienta sobre los restos de la antigua alcazaba árabe y consta de un perímetro de alrededor de 230 metros y tiene una media de 20 metros de alto.

Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor, o Papa Luna, como lo conocemos en nuestros años, convirtió el castillo de la localidad castellonense en sede pontificia durante el largo litigio sobre su legitimidad. Además, a Pedro le conocemos, aunque muchos no nos damos cuenta del por qué, y es que el Papa Luna tuvo durante su vida una lucha contra sus enemigos muy constante y de ella surgió la frase que hoy todos conocemos y usamos, “mantenerse en sus trece”, haciendo referencia a la negativa de Benedicto XIII de renunciar a su posición de Papa.

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Otros rincones y ambientes de los que disfrutar

Pero Peñíscola no solo cuenta con el castillo, ya que también posee uno de los faros más antiguos de España. Concretamente fue inaugurado durante el año 1899 y recibió pequeñas modificaciones con el paso de los años, como por ejemplo la de 1920, donde se le reformó la óptica, o la de 1929, año en el que se electrificó. El faro es una torre octogonal de 11 metros de alto que se sitúa en una zona aledaña al castillo, dentro de las murallas de la ciudad vieja, y tiene anexo un edificio de dos plantas donde vive actualmente el farero.

Otra curiosidad digna de visitar que tiene Peñíscola es el Bufador, un accidente geológico que consiste en un túnel natural excavado bajo las murallas en la roca en la cual se asienta la ciudad, y por el que las aguas que bañan Peñíscola, las del mar Mediterráneo, entran y salen continuamente, provocando grandes bufidos y elevaciones espectaculares del nivel del agua del mar en los días de temporal.

Pero Peñíscola no solo es historia, también cuenta con dos playas, la sur, que es la pequeña y que usan habitualmente los habitantes de la población, y la playa norte, una gran playa que consta de una parte natural y una parte artificial, y que recorre la costa de Castellón durante más de cinco kilómetros, uniendo Peñíscola con Benicarló, en la que niños y adultos disfrutan cada día aprovechando para bañarse en las cálidas aguas del Mediterráneo.

Además, tal y como comentábamos al principio, Peñíscola también presume de gastronomía, y es que la paella es el plato más recurrente que, junto con los helados y la horchata, hace que disfrutemos de la localidad cada minuto que en ella pasamos.

Por último, destacar su vida tranquila pero siempre llena de actividades que se reparten por los múltiples hoteles, por el paseo marítimo de la playa norte, y también por sus diferentes rincones, desde las calles del peñón del castillo hasta los parques acuáticos y las ferias que se organizan todas las semanas.